Cap #5
-Es tradición del vecindario hacer una fiesta para los adolescentes para así festejar que salimos de la escuela… El problema es que las Mindy’s me dijeron que este año es mi turno de organizarla…- resopló y me volteó a ver.
-Una fiesta! Que interesante! Imagínate, podrás escoger el tema, la decoración… Oye…- dije haciendo una pausa- Quiénes son las Mindy’s?
-Jaja-rió un poco.- No se llaman exactamente Mindy’s pero es un grupito que vive aquí en el vecindario. Se creen las divas de la zona y sinceramente, no las soporto. La “jefa” se llama Mindy y tiene dos amigas que la siguen como perritos.-rió en esta parte- si recuerdo bien, se llaman Dianne y Cindy.- dijo acomodándose de nuevo en el sillón.
Me explicaba todo de ellas haciendo muchos gestos imitadores, yo sólo soltaba en carcajadas. Seguramente, debían de ser muy desagradables.
-Pero no te preocupes, tienes una fiesta que organizar y yo…-antes de que pudiera terminar esta frase me interrumpió, bajó la mirada y yo me quedé con la boca abierta.
-Podrás ayudarme? No es que no quiera, pero… Quiero hacerlo yo sola.- me volteó a ver con unos ojos de sinceridad. -A parte de que quiero que la fiesta también sea sorpresa para ti, quiero demostrarles a las Mindy’s lo que soy capaz de hacer y…- mi turno de interrumpirla.
-No te preocupes Sophie. Te entiendo, o eso creo. Quizá a mi hubiera gustado hacer lo mismo.- dije dándole una sonrisa reconfortante.
-Eres la mejor. Vas a ver que te va a encantar.- después surgió un repentino abrazo de cariño mutuo. Bostecé.-Pero creo que hablamos de esto después, parece que alguien ya está cansada. Vayamos a dormir.-
Y así fue. Ambas caímos lentamente en brazos de Morfeo. Era domingo y estaba segura de que la próxima semana la pasaría sola. Sophie tenía que terminar su escuela, gracias al cielo ya era su última semana. A parte, tenía todos los preparativos de la fiesta, que sería el próximo sábado.
Al día siguiente, ella fue a la escuela en la mañana. Yo dormí un poco más, pues siempre las sábanas quieren quedarse conmigo. Bajé a desayunar. Creo que estaba sola en la casa, pues mi tía también seguía con su rutina diaria: trabajo. Serví mi cereal favorito. Después llegó Maggy, la persona que le ayudaba a mi tía.
-Hola señorita _____.- dijo saludando con una sonrisa. –Es un lindo día, no?- dijo mientras recogía unos platos y después se asomaba por la ventana. Me daba un poco de pena que me viera en esas fachas. Llevaba todavía mi pijama y mi cabello no estaba recién salido de un salón de belleza. Mi cabello era un trapeador enredado :)
-Buenos días, Maggy.- dije regresándole la sonrisa, tomé un bocado y al terminarlo, seguí. –Parece que el sol hará de este un día agradable.- Después recogí mi plato, le di las gracias y me subí al cuarto.
Recogí un poco porque era un total desastre. Si mi mamá hubiera estado ahí, me hubiera castigado por tener tal tiradero. Después de mi rutina habitual: bañarme, vestirme, maquillarme un poco, lavarme los dientes…; bajé porque escuché un coche estacionándose. Era mi tía, pero Sophie no había llegado aún. Me dijo que no llegaría hasta en la noche, pues iba a comprar unas cosas con Carl. “Carl, Carl, Carl…” Alucinaba ese nombre. Esperaba que el no arruinara las vacaciones que tanto había planeado con mi prima. Después de anunciar a mi tía que saldría a dar un paseo, tomé mi pequeña bolsa y me dirigí a la salida.
Caminé por unas calles, hasta que encontré un carro rosa. Sí. Era un lujoso convertible estacionado en una de las casas más grandes de la colonia. Seguí mi camino sin despegar la vista del lindo automóvil…
-Ay, nena, te gusta mi bebé?- dijo una voz chillona que estaba detrás de mí. Volteé instantáneamente y pude observar a tres personas. No eran muy bonitas, pero la manera en la que se arreglaban las hacía parecer modelos en una pasarela de New York.
-Es muy lindo.- dije segura de mi misma, aunque su sola figura me intimidaba un poco.
-De seguro quieres uno así, nena. Lástima que este sea mío.- rió fuertemente y las que parecían ser Cindy & Dianne, rieron también.- Pero nena, no soy mala… Quieres sentarte a charlar un poco?- dijo finalmente, con una sonrisa que convencía a cualquiera.
-Pues sí, porque no.- dije esbozando una sonrisa. -Adelante, nena.- Acerqué una silla que estaba cerca de la mesa de jardín de donde se encontraban. No sabía que estaba haciendo, pues no la conocía. Pero tenía un encanto raro que te hacía seguir sus órdenes. Quizá si era una bruja después de todo. Sólo reí a mis adentros por tales pensamientos y traté de despejar mi mente.
-Nena, y cómo te llamas?- dijo sentándose también. –Yo soy Mindy, pero de seguro ya lo sabías.- dijo acomodándose el cabello. -Me llamo _________________.- dije mientras observaba atentamente las caras de todas.- Soy la prima de Sophie… La conocen?- dije volteando a ver a todas.
-Ah, Sophie… Sí… Desgraciadamente.- lo último lo dijo para sí misma, pero aún así pude escucharla. –Espero que tú si seas agradable.
-Y que ella no lo es?- dije con un poco de furia incluida en la frase.
-Pues, lo era… Cuando la conocimos…- después dio un pequeño sorbo a la limonada que tenía. Me daba risa la decoración de los vasos, pues incluía una sombrillita clásica de las películas.
-Cómo que lo era? No entiendo…- afirmé un poco confundida. ¿Qué intentaba decirme Mindy? Acaso… ¿Qué Sophie era la mala del cuento?
-Sí, nena. En cuanto llegó al vecindario éramos las cuatro mejores amigas que podían existir sobre la faz de la tierra.- dijo mientras mostraba una sonrisa. No creí que ella pudiera usar ese tipo de lenguaje, pues su aspecto era el de una plástica hueca. –Salíamos juntas, completábamos nuestras frases, pero bueno… Supongo que los tiempos cambian.- dijo mientras miraba el vaso con aire de tristeza. –Pero ahora te conocemos a ti.- dijo mejorando su ánimo. –Por cierto, ¿en dónde está ella?
-Ah, ¿Sophie? Esta semana está demasiado ocupada.-resoplé. –Los preparativos de la fiesta, la última semana de clases, puf! Millones de cosas excepto su prima.- dije un poco decepcionada porque casi no había pasado tiempo con ella.
-Bien, entonces.. ¿Qué tal si pasas el día con nosotras?- dijo con una sonrisa. Volteé a ver al otro par y al parecer sólo sabían mencionar frases cortas pues decían “Sí, que buena idea!”.
-Pues, chicas, me agrada su propuesta.- Había hablado sólo un poco con las Mindy’s y ya les tenía confianza. Quizá Sophie exageraba un poco al decir que era bastante mala.
Sacó sus llaves y se aproximó a la puerta del piloto. Cuando Dianne estaba a punto de sentarse en el asiento del copiloto, Mindy la corrió con una señal que hizo con su mano y me indicó que subiera con ella. La pobre de Dianne sólo hizo una cara de disgusto y obedeció. Nos dirigimos a lo que era un centro comercial. Todo el camino Mindy se la pasó hablando de su novio. Nunca mencionó su nombre pero dijo que era muy talentoso y que cualquier chica moriría por tenerlo. Yo sólo asentía y decía expresiones de aprobación. Quizá algún día conocería al famosísimo chico.
-Nenas, qué tal si vamos a esa tienda de por allá? Necesito un atuendo nuevo para mi próxima cita.- dijo señalando una pequeña boutique y como siempre sonriendo y acomodándose el cabello. Traía unos lentes puestos e iba al frente de lo que era un pequeño triángulo. Claro, con Dianne y Cindy detrás de ella. A veces soltaba pequeñas risitas por la manera en la que la seguían. Las iba siguiendo mientras admiraba el gran centro comercial. No sabía en donde me encontraba.
De repente, perdí de vista a las chicas. Me dirigí a la boutique a buscarlas y nada. Mejor esperé afuera de la tienda, sentada en una banca. Observé todo lo que tenía alrededor. Muchas tiendas departamentales que se veían muy caras. Vendían toda clase de cosas: perfumes, vestidos, zapatos, bolsos… Después de media hora de estar esperando y viendo a mi alrededor, me dirigí al estacionamiento, quizá ahí estarían esperándome porque no me encontraron. Sí, seguro era así. Busqué en el primer nivel del estacionamiento, en el segundo también pero no recordaba en donde estaba el lujosísimo auto rosa. Lo seguí buscando por todos los niveles, una y otra, y otra vez.. hasta que caí en la cuenta que me habían abandonado ahí… Se estaba poniendo oscuro. Con toda la tristeza y decepción del mundo me dirigí al interior del edificio. Me senté en una banca y puse a buscar entre los más profundos pensamientos que había en mi cabeza. ¿Tan aburrida y rara era yo como para que me quisieran dejar sola? ¿Tanta era la maldad que tenían? No me hubiera importado si tuviera algo con que llamar. En ese momento no podía utilizar mi celular, pues estaba fuera del área de cobertura porque no lo habíamos cambiado al estado en donde vivía mi prima. Y no, utilizar un teléfono público no era mi opción pues no tenía cambio y no tenía ánimos de pedir limosna. La idea de pedir moneditas en una tienda nunca pasó con mi mente. Sinceramente, estaba más preocupada por todo lo que me inundaba. Pronto exploté debido a mi último pensamiento. Primero, una ligera lágrima bajó por mi mejilla… Después, miles ya estaban resbalando como la lluvia en un parabrisas.
-No llores, que aquí estoy yo.- dijo una voz familiar, mientras me tomaba entre sus brazos.