Just saying :)

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-Wou, eres tú...

Cap #5

-Es tradición del vecindario hacer una fiesta para los adolescentes para así festejar que salimos de la escuela… El problema es que las Mindy’s me dijeron que este año es mi turno de organizarla…- resopló y me volteó a ver.

 

-Una fiesta! Que interesante! Imagínate, podrás escoger el tema, la decoración… Oye…- dije haciendo una pausa- Quiénes son las Mindy’s?

 

-Jaja-rió un poco.- No se llaman exactamente Mindy’s pero es un grupito que vive aquí en el vecindario. Se creen las divas de la zona y sinceramente, no las soporto. La “jefa” se llama Mindy y tiene dos amigas que la siguen como perritos.-rió en esta parte- si recuerdo bien, se llaman Dianne y Cindy.- dijo acomodándose de nuevo en el sillón.

 

Me explicaba todo de ellas haciendo muchos gestos imitadores, yo sólo soltaba en carcajadas. Seguramente, debían de ser muy desagradables.

 

-Pero no te preocupes, tienes una fiesta que organizar y yo…-antes de que pudiera terminar esta frase me interrumpió, bajó la mirada y yo me quedé con la boca abierta.

 

-Podrás ayudarme? No es que no quiera, pero… Quiero hacerlo yo sola.- me volteó a ver con unos ojos de sinceridad. -A parte de que quiero que la fiesta también sea sorpresa para ti, quiero demostrarles a las Mindy’s lo que soy capaz de hacer y…- mi turno de interrumpirla.

 

-No te preocupes Sophie. Te entiendo, o eso creo. Quizá a mi hubiera gustado hacer lo mismo.- dije dándole una sonrisa reconfortante.

-Eres la mejor. Vas a ver que te va a encantar.- después surgió un repentino abrazo de cariño mutuo. Bostecé.-Pero creo que hablamos de esto después, parece que alguien ya está cansada. Vayamos a dormir.-

 

Y así fue. Ambas caímos lentamente en brazos de Morfeo. Era domingo y estaba segura de que la próxima semana la pasaría sola. Sophie tenía que terminar su escuela, gracias al cielo ya era su última semana. A parte, tenía todos los preparativos de la fiesta, que sería el próximo sábado.

 

Al día siguiente, ella fue a la escuela en la mañana. Yo dormí un poco más, pues siempre las sábanas quieren quedarse conmigo. Bajé a desayunar. Creo que estaba sola en la casa, pues mi tía también seguía con su rutina diaria: trabajo. Serví mi cereal favorito. Después llegó Maggy, la persona que le ayudaba a mi tía.

 

-Hola señorita _____.- dijo saludando con una sonrisa. –Es un lindo día, no?- dijo mientras recogía unos platos y después se asomaba por la ventana. Me daba un poco de pena que me viera en esas fachas. Llevaba todavía mi pijama y mi cabello no estaba recién salido de un salón de belleza. Mi cabello era un trapeador enredado :)

 

 -Buenos días, Maggy.- dije regresándole la sonrisa, tomé un bocado y al terminarlo, seguí. –Parece que el sol hará de este un día agradable.- Después recogí mi plato, le di las gracias y me subí al cuarto.

 

Recogí un poco porque era un total desastre. Si mi mamá hubiera estado ahí, me hubiera castigado por tener tal tiradero. Después de mi rutina habitual: bañarme, vestirme, maquillarme un poco, lavarme los dientes…; bajé porque escuché un coche estacionándose. Era mi tía, pero Sophie no había llegado aún. Me dijo que no llegaría hasta en la noche, pues iba a comprar unas cosas con Carl. “Carl, Carl, Carl…” Alucinaba ese nombre. Esperaba que el no arruinara las vacaciones que tanto había planeado con mi prima. Después de anunciar a mi tía que saldría a dar un paseo, tomé mi pequeña bolsa y me dirigí a la salida.

 

Caminé por unas calles, hasta que encontré un carro rosa. Sí. Era un lujoso convertible estacionado en una de las casas más grandes de la colonia. Seguí mi camino sin despegar la vista del lindo automóvil…

 

-Ay, nena, te gusta mi bebé?- dijo una voz chillona que estaba detrás de mí. Volteé instantáneamente y pude observar a tres personas. No eran muy bonitas, pero la manera en la que se arreglaban las hacía parecer modelos en una pasarela de New York.

 

-Es muy lindo.- dije segura de mi misma, aunque su sola figura me intimidaba un poco.

 

-De seguro quieres uno así, nena. Lástima que este sea mío.- rió fuertemente y las que parecían ser Cindy & Dianne, rieron también.- Pero nena, no soy mala… Quieres sentarte a charlar un poco?- dijo finalmente, con una sonrisa que convencía a cualquiera.

 

-Pues sí, porque no.- dije esbozando una sonrisa. -Adelante, nena.- Acerqué una silla que estaba cerca de la mesa de jardín de donde se encontraban. No sabía que estaba haciendo, pues no la conocía. Pero tenía un encanto raro que te hacía seguir sus órdenes. Quizá si era una bruja después de todo. Sólo reí a mis adentros por tales pensamientos y traté de despejar mi mente.

 

-Nena, y cómo te llamas?- dijo sentándose también. –Yo soy Mindy, pero de seguro ya lo sabías.- dijo acomodándose el cabello. -Me llamo _________________.- dije mientras observaba atentamente las caras de todas.- Soy la prima de Sophie… La conocen?- dije volteando a ver a todas.

 

-Ah, Sophie… Sí… Desgraciadamente.- lo último lo dijo para sí misma, pero aún así pude escucharla. –Espero que tú si seas agradable.

 

-Y que ella no lo es?- dije con un poco de furia incluida en la frase.

 

-Pues, lo era… Cuando la conocimos…- después dio un pequeño sorbo a la limonada que tenía. Me daba risa la decoración de los vasos, pues incluía una sombrillita clásica de las películas.

 

-Cómo que lo era? No entiendo…- afirmé un poco confundida. ¿Qué intentaba decirme Mindy? Acaso… ¿Qué Sophie era la mala del cuento?

 

-Sí, nena. En cuanto llegó al vecindario éramos las cuatro mejores amigas que podían existir sobre la faz de la tierra.- dijo mientras mostraba una sonrisa. No creí que ella pudiera usar ese tipo de lenguaje, pues su aspecto era el de una plástica hueca. –Salíamos juntas, completábamos nuestras frases, pero bueno… Supongo que los tiempos cambian.- dijo mientras miraba el vaso con aire de tristeza. –Pero ahora te conocemos a ti.- dijo mejorando su ánimo. –Por cierto, ¿en dónde está ella?

 

-Ah, ¿Sophie? Esta semana está demasiado ocupada.-resoplé. –Los preparativos de la fiesta, la última semana de clases, puf! Millones de cosas excepto su prima.- dije un poco decepcionada porque casi no había pasado tiempo con ella.

 

-Bien, entonces.. ¿Qué tal si pasas el día con nosotras?- dijo con una sonrisa. Volteé a ver al otro par y al parecer sólo sabían mencionar frases cortas pues decían “Sí, que buena idea!”.

 

-Pues, chicas, me agrada su propuesta.- Había hablado sólo un poco con las Mindy’s y ya les tenía confianza. Quizá Sophie exageraba un poco al decir que era bastante mala.

 

Sacó sus llaves y se aproximó a la puerta del piloto. Cuando Dianne estaba a punto de sentarse en el asiento del copiloto, Mindy la corrió con una señal que hizo con su mano y me indicó que subiera con ella. La pobre de Dianne sólo hizo una cara de disgusto y obedeció. Nos dirigimos a lo que era un centro comercial. Todo el camino Mindy se la pasó hablando de su novio. Nunca mencionó su nombre pero dijo que era muy talentoso y que cualquier chica moriría por tenerlo. Yo sólo asentía y decía expresiones de aprobación. Quizá algún día conocería al famosísimo chico.

 

-Nenas, qué tal si vamos a esa tienda de por allá? Necesito un atuendo nuevo para mi próxima cita.- dijo señalando una pequeña boutique y como siempre sonriendo y acomodándose el cabello. Traía unos lentes puestos e iba al frente de lo que era un pequeño triángulo. Claro, con Dianne y Cindy detrás de ella. A veces soltaba pequeñas risitas por la manera en la que la seguían. Las iba siguiendo mientras admiraba el gran centro comercial. No sabía en donde me encontraba.

 

De repente, perdí de vista a las chicas. Me dirigí a la boutique a buscarlas y nada. Mejor esperé afuera de la tienda, sentada en una banca. Observé todo lo que tenía alrededor. Muchas tiendas departamentales que se veían muy caras. Vendían toda clase de cosas: perfumes, vestidos, zapatos, bolsos… Después de media hora de estar esperando y viendo a mi alrededor, me dirigí al estacionamiento, quizá ahí estarían esperándome porque no me encontraron. Sí, seguro era así. Busqué en el primer nivel del estacionamiento, en el segundo también pero no recordaba en donde estaba el lujosísimo auto rosa. Lo seguí buscando por todos los niveles, una y otra, y otra vez.. hasta que caí en la cuenta que me habían abandonado ahí… Se estaba poniendo oscuro. Con toda la tristeza y decepción del mundo me dirigí al interior del edificio. Me senté en una banca y puse a buscar entre los más profundos pensamientos que había en mi cabeza. ¿Tan aburrida y rara era yo como para que me quisieran dejar sola? ¿Tanta era la maldad que tenían? No me hubiera importado si tuviera algo con que llamar. En ese momento no podía utilizar mi celular, pues estaba fuera del área de cobertura porque no lo habíamos cambiado al estado en donde vivía mi prima. Y no, utilizar un teléfono público no era mi opción pues no tenía cambio y no tenía ánimos de pedir limosna. La idea de pedir moneditas en una tienda nunca pasó con mi mente. Sinceramente, estaba más preocupada por todo lo que me inundaba. Pronto exploté debido a mi último pensamiento. Primero, una ligera lágrima bajó por mi mejilla… Después, miles ya estaban resbalando como la lluvia en un parabrisas.

 

-No llores, que aquí estoy yo.- dijo una voz familiar, mientras me tomaba entre sus brazos.

Cap #4

Cap 4 :)

 

-Sí, ja, parece que sí...- Elvis era lindo y tenía un pelo muy suave. Era muy cariñoso.

 

-¿Te importa si me siento?- preguntó un poco nervioso.

 

-Para nada, es un país libre.- Respondí con una sonrisa y después reí por su reacción nerviosa. Se sentó frente a mí, cruzando las piernas. Elvis fue a su lado y recargó su cabeza en las piernas. Él sólo lo acariciaba mientras se quedaba un poco dormido.

 

-Qué lindo es. Me recuerda mucho a un perrito que conozco- dije mirando a Elvis. Después, levanté la mirada y pude observar los rasgos de mi acompañante. Parecía mayor que yo. Tenía los ojos color miel y cabello corto y negro y sus facciones eran lindas.  

 

-Y ¿eres nueva?- preguntó finalmente.

 

-No. No vivo aquí.- dije esbozando una sonrisa. -¡Pero me encantaría! Estoy de visita con una prima.- dije con emoción. -Y tú?- Poco a poco veía como Elvis se veía más relajado, casi al punto de quedarse completamente dormido.

 

-Oh, ya veo... No, yo trabajo aquí. Se podría decir que de niñero de perros- dijo mientras reía. Reí también -Acabas de llegar hoy?- preguntó mirándome.

 

-Sí. Hace un rato. Pero mi prima está haciendo tarea y tuve que salir sola.- suspiré.

 

-Entonces no soy el único en la escuela todavía? Qué alivio!- dijo con una linda y amplia sonrisa. Después un silencio incómodo se apoderó de la conversación.

 

-Y... sacas a pasear a Elvis muy seguido?- traté de romper el hielo.

 

-A Elvis? Sí... es mi trabajo.- dijo viéndolo con una cara de resignación que me causo mucha risa. -Lo sé, no es un trabajo tan profesional, pero la paga es buena y el es un lindo perro.- dijo al mismo tiempo que acariciaba la cabeza del lindo animal.

 

-No, no me refería a eso...- dije un poco apenada.

 

-No te preocupes.- ahora fue él el que rió, seguro por mi cara de preocupación. -Lo saco a pasear en época de clases y tours y todo eso...

 

-Tours?- pregunté confundida. Después él recordó algo. No podía hablar del tema de los tours con alguien, prácticamente desconocido. Esperaba que esa palabra no hubiera causado mucha curiosidad ni daño mayor.

 

-Dije tours? Puf, lo siento. Últimamente estoy metido en esto de la música, y tu sabes...- dijo tartamudeando un poco. Parecía que todo mundo me ocultaba algo. Pero qué más daba.

 

-Ah... Está bien.- dije fingiendo una sonrisa.

 

-______! ______!- logré escuchar una voz a lo lejos. Era Sophie.

 

-_____? Lindo nombre.- mencionó el muchacho que estaba frente a mí, del que no tenía idea de cómo se llamaba.   

 

-No es justo, ahora tu sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo...- dije en modo de indirecta, que finalmente funcionó.

 

-Me llamo Carl. Mucho gusto.

 

-Ah! Así que ya conociste a Carl...- dijo Sophie mientras veía embobada a los ojos a ese tal muchacho.

 

-Sí. Y al parecer ustedes ya se conocen.- Sophie y Carl se veían a los ojos de una manera muy tierna. Se les notaba el brillo a ambos.

 

-Pues íbamos juntos en la escuela y ahora que trabaja en la casa vecina...- dijo Sophie saliendo del trance en el que estaba metida.

 

-Sí. Es lindo trabajar a un lado. - Yo sólo reí un poco a lo que ambos voltearon.

 

-¿Qué?- preguntaron los dos preocupados en unísono.

 

-Nada, esque Elvis me hizo reír.- Mentí, pero al parecer se la creyeron.

 

-Bueno, ___. Mi mamá nos espera, nos tenemos que ir.

 

-Las acompaño- dijo Carl mientras se levantaba.

 

-¿Me dejas llevarme a Elvis?- pregunté.

 

-Claro. Toma.- me entregó la correa y empezamos todos a caminar. Por su parte iban Carl y Sophie muriendo a carcajadas, mientras yo trataba de dominar al tal Elvis porque no me hacía caso. Por más que le decía de mil maneras que avanzáramos no me obedecía. Delante de mí, Carl y Sophie sólo se reían por la escenita que seguramente estaba armando. Miraba a los ojos a Elvis, y a pesar de que sólo es un perro, podría jurar que se estaba burlando completamente en su interior. Después de varios jalones y arrastradas, llegamos a la casa de Sophie.

 

-A poco Elvis no es un lindo perro?- dijo Carl mientras acariciaba al perro que yacía frente a la puerta, sacando la lengua y moviendo la cola.

 

-Lindísimo.- dije con sarcasmo mientras suspiraba pesadamente y acomodaba un poco mi cabello, pues el esfuerzo me había despeinado toda.-Bien, estoy un poco cansada.- dije volteando a ver a Elvis.-Te espero adentro Sophie, iré por un vaso de agua.

 

-Claro.- dijo Sophie con una sonrisa. Parecía que Carl la hipnotizaba por completo.

 

-Hasta luego Carl!

 

-Bye ______!

 

No pude resistirme y fui corriendo a la sala para poder esconderme tras la cortina transparentosa y así, asomarme por la ventana. Ahí seguían mi prima y mi nuevo amigo. Viéndose tiernamente y platicando de seguramente cosas sin sentido. Ambos tenían una sonrisa de oreja a oreja y un brillo especial en los ojos. Estaba metida en un trance junto con ellos cuando algo nos hizo movernos. Elvis escapó de las manos de Carl para dirigirse a lo que parecía ser su dueño. Volteé. No me interesó mucho, pues sólo veía una pequeña sombra por la cortina que estorbaba. Se veía que era un hombre y que quizá era algo atractivo. Después regresé mi vista a la escena anterior pero ya no estaba...

 

-BUUUUUH!- gritó Sophie mientras brincaba tras de mí y tocaba mi espalda.

 

-AAAAAAAAAAH!- sólo pude gritar y dar un pequeño brinquito.- Sophie! Casi me matas!

 

-Te lo mereces por estar espiando- dijo y después torció la boca y se cruzó de brazos. 

 

-Era inevitable. Se ven tan lindos juntos!- dije tirándome en el sillón mientras juntaba mis manos.

 

-¿De verdad lo crees?- dijo Sophie cambiando completamente su enojada expresión a una de felicidad. Después se tiró junto a mí y ambas miramos el techo.

 

-¿Por qué no me habías contado de él?- Empecé a interrogarla.

 

-Porque... porque... me daba un poco de pena.

 

-Pero no tiene porque darte pena. Nosotros siempre nos hemos contado todo...

 

-Lo sé, lo sé, lo siento.- dijo con un tono enternecedor.

 

-No te preocupes Sophie, pero ahora, me tienes que contar todo.

 

-Está bien... está bien...- y así Sophie empezó a contarme su historia. Cada vez que lo mencionaba le brillaban los ojos, se sonrojaba y no paraba de sonreír. Lo conoció en cuanto se cambió de casa. Lo había visto varias veces mientras ella iba por algún bocadillo a una tienda o daba vueltas en su bicicleta en el vecindario. Se hicieron muy buenos amigos, siempre la apoyaba en todo. Después se dieron cuenta de que iban en la misma escuela. Su relato parecía de película. Ninguno de los dos se animaba a contar lo que sentían, pero ambos lo sabían.

 

-Cambiando un poco de tema...- dijo mientras se recargaba pesadamente en el sillón y cambiaba su expresión a una de no mucho agrado.

Cap #3

Aquí el capítulo 3 :)

 

Hicimos como diez minutos de camino y entramos en lo que era un lujoso condominio. Las casas eran enormes, con amplios jardines.

 

-¡Wow! ¿Desde cuándo viven aquí?- pregunté mientras volteaba en todas direcciones.

 

-Pues, desde que a mí mamá le pagaron lo del seguro... Tú sabes, cuando él murió...- dijo Sophie un poco triste, mientras tenía la vista fija en el camino.

 

-Oh...-fue lo único que pude decir. Su padre había muerto hace seis meses y al parecer, hasta hace tres les habían entregado la cobertura. Parecía que la estaban aprovechando bien.

 

-Y pues aquí estamos- dijo sonriendo mi tía. -Después de todo sabes que él siempre quiso vivir aquí y darnos una casa muy linda.

 

-Sí, y al parecer lo son.- dije aún atónita por lo que me rodeaba.

 

-Aquí es.- dijo Sophie mientras volteaba a verme. Poco a poco mi tía fue estacionando la camioneta en una casa enorme. Parecía tener dos o tres pisos y paredes blancas. La rodeaban varias casas del mismo tamaño.

 

-Las casas están bellísimas.- dije con una sonrisa y emoción.

 

-Gracias, esperamos que te sientas muy a gusto con nosotras.- dijo mi tía antes de entrar a la casa.

 

-Bajemos tus maletas.- dijo Sophie mientras abría la cajuela. Estaba bajando una de ellas, cuando vi como una camioneta negra y con vidrios polarizados se estacionaba en la otra casa.

 

-Oh, oh...- escuché como decía Sophie.

 

-¿Qué pasa?- pregunté un poco confundida.

 

-Ah, nada, nada.- pudo decir con cierto nerviosismo. -Entremos ya.- dijo mientras me jalaba por uno de mis brazos. Hizo que entrara primero y después vi como saludaba a alguien. ¿Qué estaba pasando? Lo primero que hice fue correr hacia la ventana y tratar de ver algo. Ya no había nadie. Era bastante rara la actitud de Sophie. Volteé a verla con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados. ¿Qué me ocultaba?

 

-¿Qué?- preguntó inocentemente.

 

-¿Quiénes eran? O ¿Por qué hiciste que metiera de esa manera?- pregunté. Esperaba una respuesta sincera.

 

-Lo siento, cosas mías. Sabes que tengo pequeños problemas en la cabeza.- dijo mientras se encogía de hombros.

 

-Hmm, está bien.- dije mientras le sonreía. Sinceramente no le creía en lo más mínimo y tendría que averiguar a sus espaldas. Por eso, hice como si el tema no me interesara más.

 

Por estar pensando y peleando con Sophie, no me di cuenta de lo extremadamente grande que era la casa y la manera en la que los bellos mueblen hacían resaltar la belleza.

 

-¿Subimos tus maletas a tu habitación? Después te enseño la casa.- Dijo mientras se aproximaba a las escaleras. Yo la seguí y después de caminar un poco, entramos a una linda habitación. Estaba tapizada con papel rosa que incluía unas pequeñas figuritas. Líneas, círculos, garabatos... Todo estaba acomodado a la perfección.

 

-Bien, ya que viste tu habitación, hora de mostrarte toda la casa, ¿No?- dijo con una sonrisa burlesca mientras veía mi expresión atontada.

 

-Sí, claro.- dije emocionada saliendo del cuarto.

 

Pronto me enseñó su gran casa y algunas reglas que tenía para vivir mejor. Una señora les ayudaba en el aseo porque no podían entre ellas. Tenían un lindo piano blanco. Sophie me contó que cuando mi mamá vivía con mi tía, acostumbraba tocarlo. Al cambiarse de casa, no quedó otra opción que dejarlo en ese estado, en una bodega, pues en la casa antigua de mi tía tampoco cabía. Era hermoso. Mi mamá lo extrañaba mucho y creo que no tenía idea de que estaba en buenas manos. Me mostró el amplio jardín. Tenía un árbol enorme en la esquina del patio. Lo demás era pasto y en el extremo contrario, se encontraba una pequeña terraza, formada principalmente por un toldo. Las casas vecinas no estaban separadas por alguna cerca de madera o de metal, sino por arbustos que llegaban hasta la cintura. Se veían lindos y originales. Después de platicar un rato en el patio, entramos a la casa.

 

-De verdad, eso fue muy gracioso.- dijo Sophie riendo a carcajadas.

 

-Lo imagino.- dije riendo.

 

-Bien, tengo que irme a hacer tarea. El hecho de que tu hayas salido de vacaciones, no significa que yo también.- soltó un resoplido y siguió caminando.

 

-Bien... Tendré que ir a dar una vuelta yo sola.- dije encogiéndome de hombros.

 

-¡¿Qué?!- gritó Sophie un poco exaltada. -Ah sí, claro...- dijo tratando de olvidar el grito de antes.

 

-Hmm, ¿hay algo que te moleste?- dije y después torcí la boca.

 

-No, para nada. Diviértete. Pero no vayas lejos...- dijo sonriendo.

 

-Pareces mi mamá.- dije riendo.

 

-Pero gracias al cielo, no lo soy.- dijo y subió las escaleras riendo.

 

¿Qué más daba? Tenía una tarde completa para recorrer el vecindario. Yo sola. Podría recorrer calle por calle, checar si había alguna tienda cerca y quizá, hasta conocer un par de vecinos. Me aproximé a un pequeño parque y me acosté en el pasto a observar las nubes. Buscaba diferentes formas y logré encontrar un conejo, un dragón y un hipopótamo. Estaba yo de lo más feliz cuando un gritó me despertó de mis pensamientos.

 

-¡Elviiiiiiiiiis! No corras para...- gritaba un muchacho, más o menos de mi edad. Pero antes de que él pudiera terminar la frase, el Golden Retriever ya estaba junto a mí, dejando a un lado la pequeña pelota que cargaba en la boca. Después sólo se quedó sentado mirándome.

 

-Parece que le agradas.- dijo serio el muchacho, mientras miraba a "Elvis" con cariño. Yo lo acariciaba mientras el sacaba la lengua y se ponía panza arriba.

Cap #2

Nadie me lee, pero no importa.. Aquí el segundo cap! :D

 

-Disculpa, ¿podría tomar asiento?- escuche a alguien decir. Lo único que hice fue voltear a verlo. Señalaba el sillón junto a mí y tenía una ceja levantada claramente esperando mi respuesta.

 

-Claro.-fue lo único que pude decir mientras regresaba la mirada a la ventanilla.

 

Sentía su presencia y a la vez como metía un maletín al compartimiento del equipaje extra. Lo siguiente fue tomar asiento a mi lado, para ponerse el cinturón de seguridad unos minutos después. Ya estábamos a punto de partir, pero yo ya estaba en el cielo. Pude observar de reojo a aquel joven. Tenía el pelo lacio y castaño. Lo llevaba como la mayoría de los muchachos: con un flequillo largo que al caerse le cubría los ojos. Y no me agradaba que se los tapara, pues eran color miel, con un brillo singular. Se podría decir que fue de esos amores a primera vista que a todo mundo le suceden de vez en cuando. Su encanto me hechizó y hacía que me fuera a las nubes instantáneamente.

 

-Hola... Hay alguien ahí?- decía mientras pasaba su mano enfrente de mi cara. Yo sólo reaccioné y me reacomodé en mi asiento. Pero después vi como una azafata estaba esperando a que regresara del espacio para darme indicaciones. Sí, no me había puesto el cinturón de seguridad y ya estábamos a punto de despegar. Con la cara más roja que de seguro he puesto, abroché el cinturón de una manera torpe. Los nervios me ganaban. Sólo suspiré.

 

-Ja, ya estabas en las nubes y ni siquiera habíamos despegado.- dijo mi compañero de al lado con una amplia sonrisa. -Me llamo Stevie.- dijo mientras me daba su mano derecha para presentarse.

 

-Yo, yo me llamo _______.- dije casi tartamudeando mientras intentaba mostrar una sonrisa como la suya y dándole mi mano para saludar. El sólo toque que me dio me inspiró confianza y creó un ambiente perfecto para platicar las 4 hrs de avión que teníamos por delante. Hablamos y reímos casi hasta llorar y sinceramente, parecía que nos conocíamos de ya varios años. Nada más veía como los demás pasajeros nos observaban, suplicando con esas miradas que guardáramos un poco de silencio porque estaban cansados, pero eso, sólo nos hacía reír aún más.

 

-Sí, y así fue como pasó todo.- dije entre risas.

 

-Sinceramente, no sé cómo te animaste a brincarte una barda de esa manera.- respondió sonriendo.     

 

-Ni yo.- dije mientras impulsivamente un bostezo salía desde el fondo de mi pecho.

 

-Creo que deberíamos dormir un poco.- dijo bostezando el también. Después escuchamos como otro pasajero decía "Gracias Dios".

 

-Sí, creo que nos haría bien.- Dije mientras tomaba la pequeña almohada y me acomodaba en el asiento. Y en menos de lo que canta un gallo, yo ya estaba soñando. Stevie había sido muy simpático durante el viaje, sin dejar de ser un caballero por supuesto. El vivía al otro lado de la ciudad en la que yo vivía y también iría a visitar a sus familiares. Tenía un primo en Dallas al que adoraba con el corazón. En cuanto me lo dijo me identifiqué, pues yo y Sophie estábamos en la misma situación.

 

Estaba en lo más profundo de mi sueño, cuando oí una voz de la cabina que anunciaba el aterrizaje. Abrí los ojos para darme cuenta de algo. Estaba completamente abrazada de Stevie. Mi cabeza estaba recargada en su pecho. Por lo que vi el también estaba todavía dormido y me envolvía en sus brazos. Sólo pude soltar una risita y sonrojarme mucho. Creo que mi gesto involuntario hizo que despertara y él sólo sonrío. "Ahora sé porque dormí tan bien", me dije a mis adentros. Nos separamos y ambos intentamos arreglar nuestro cabello porque nos habíamos despeinado un poco. Hablamos un poco más, pero en ambos se notaba lo apenados que estábamos por lo que acababa de pasar. Pronto aterrizamos y tuvimos que ir a la zona de recoger el equipaje.

 

Fue muy gentil conmigo. El sólo llevaba una pequeña mochila porque tenía ropa con su primo y yo... Yo llevaba dos grandes maletas. Todas las chicas, sabemos que es necesario hasta cargar lo innecesario así que no perdí la tradición y llené ambas maletas con ropa y diferentes accesorios. No estaban muy pesadas y yo podía cargarlas de cualquier manera, pero Stevie se negó a dejar que yo las llevara. Fue muy dulce. Me ayudó sólo un poco porque a la salida ya estaban mi tía y mi prima esperándome. Me olvidé de todo y fui corriendo a abrazar a Sophie. Seis meses tenía sin verla.

 

-Que bueno es tenerte aquí.- dijo recibiendo mi abrazo.

 

-Que bueno es estar aquí.- le respondí.

 

-Las espero en la camioneta.- dijo mi tía.

 

-Bien, ¿y tus maletas?- preguntó separándose de mí.

 

-Están... allá.- busqué con la mirada rápidamente y después señalé a Stevie, que nos observaba con una sonrisa en su rostro.

 

-Uh, es lindo.- me susurró Sophie al oído.

 

"Sí, lo es", pensaba yo mientras nos acercábamos a él. Ya había dejado las maletas en el piso, pero las tomó para caminar hacia nosotras.

 

-Muchísimas gracias, Stevie.- dije yo con una sonrisa. -Te presento a mi prima, Sophie, de la que tanto te hablé.- después reí un poco y aproximé a Sophie empujándola por la espalda.

 

-Mucho gusto, Sophie.- dijo Stevie con una gran sonrisa, como siempre.

 

-Igualmente.- respondió Sophie, al parecer un poco intimidada por su presencia.

 

-Bien, todas tuyas.- dijo al momento que señalaba las maletas.

 

-Gracias.- dije tomándolas. Sophie me ayudó con una. - ¿Ya vienen por ti?

 

-No. Tomaré un taxi hasta la casa de mi primo.- dijo a manera de explicación.

 

-¿No quieres que te demos un aventón? No hay mucho que hacer aquí.- dijo Sophie mientras reía.

 

-No. Muchísimas gracias. En un rato me voy. Primero creo que iré a tomar un desayuno.

 

-Comimos demasiado en el avión y ¿todavía no tienes hambre? Wow, eso es tener un gran estómago.- dije yo tratando de ser graciosa. Funcionó pues el soltó una risa y después se despidió de cada una con un beso en la mejilla. Intercambiamos teléfonos para mantener contacto y pues, quien sabe y salíamos todos juntos al cine o a cenar. Él también se quedaría todas sus vacaciones aquí. Sophie y yo nos dirigimos al estacionamiento, en donde mi tía ya nos esperaba un poco desesperada.

 

-Uh, cuéntame todo. ¿Cómo es que lo conociste?.- dijo mientras un brillo de emoción se asomaba en su cara.

 

-Pues en el avión. Me tocó sentarme junto a él y establecimos conversación. Es un chico muy lindo y simpático.- dije mientras miraba el piso, pues me apenaba hablar así de alguien.

 

-Sí, lo he notado. Y qué bueno que intercambiaron teléfonos. Podremos seguir viendo a ese bombón.- dijo, para que después ambas soltáramos la carcajada. Sophie solía expresarse así y era otra parte que me gustaba de su personalidad. Era muy simple y sincera. Yo amaba a mi prima.

 

Entre Sophie y yo subimos las maletas a la cajuela y después nos subimos. Ella adelante junto a su mamá y yo atrás. Nos fuimos rápido pues mi tía ya estaba desesperada por la larga espera. Según Sophie me había dicho mientras llegábamos al coche, se habían cambiado de casa pero no estaba muy lejos de ahí.

Cap #1

Empezando nove :) Espeero que les guste!

 

Después de mucho tiempo, por fin estaba en el lugar con el que había soñado toda mi vida. Bueno, tengo que aceptar que soy un poquito exagerada, pero había esperado con este momento por lo menos unos tres años. Cada noche de mi vida, me dormía pensando en lo mismo y en el "cómo iba  a suceder todo". Sí. Es un poco diferente cuando tienes lo que quieres en frente y te llevas una gran desilusión... O mejor dicho, una gran sorpresa y miedo a algo TOTALMENTE desconocido. Ese miedo que carcome tus ansias, ese miedo que te invade la cabeza con sus "por qué's", ese miedo que despierta tu adrenalina, mezclándola completamente con tus cinco sentidos. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? Esas preguntas eran lo único que estaba en mi mente... Claro... Eso y aquellos ojos cafés que no paraban de mirarme. Tenían un brillo especial por la luna llena de aquella noche y un brillo especial por la preocupación que recorría su cuerpo. Sí. Se notaba que no sabía cómo explicar lo que estaba sucediendo con él. Tenía miedo de mi respuesta. Pero yo, ante ese cabello, sus manos y sobre todo esa mirada penetrante, no podía reprocharle o tratarle mal. Me hipnotizaba con todo aquello que él tenía. Sí. Desde el más mínimo rulo hasta sus dedos cálidos y suaves. Sólo soltó una pequeña risilla que concordaba con el ritmo del viento, aquella brisa que se llevaba el cabello de ambos, para después comenzar su relato...

 

Sinceramente, no recuerdo ni como, ni cuando, ni a qué hora... Pero tengo claramente aquella imagen grabada en mí. Prendí la tele como cualquier tarde de domingo aburrida... Cambiando los canales llegue al famosísimo Disney Channel y hubo algo que llamo mi atención. Ni siquiera el chico más guapo del colegio pudo lograr despertar ese interés en mí. De estar acostada, pasé a sentarme y quedarme completamente viendo el televisor. Después todo terminó. Nunca los había visto antes y eran realmente talentosos. Se veía que entregaban todo en el escenario. Desde ahí comenzó mi búsqueda. Yo amo la Internet. Siento que siempre tiene las respuestas exactas. Cualquier cosa te lo responde... Quizá algunas veces incorrectamente o no de la mejor manera, pero la respuesta se encuentra ahí. Después de varios clics y un cansancio infinito lo encontré. Jonas Brothers, leí en mi pantalla. Sí. Tres hermanos que formaron una banda. Kevin, Joe y el más joven, Nick. Los tres se veían lindos y tenían algo en sus sonrisas que los hacía ver algo amables. Ahí comenzó todo... Empecé a buscar más fotos, comprar revistas, sus discos y ser una completa fan. Amaba a los tres. Me parecían infinitamente lindos, pero siempre, hay alguien que te llama mucho más la atención y ese, para mí, era Nick. Sí. Lo que lo hacía verse especial era ese cabello totalmente rizado, que siempre parecía recién salido de algún salón de belleza. Verlo me hacía infinitamente feliz, y no tenía ni idea del porqué.

 

Pronto, una amiga también se volvió una Jonatica total. Compartíamos gustos musicales, podíamos hablar de cualquier cosa y pasábamos muy lindos momentos juntas, lo que nos llevó a convertirnos en, como se dice coloquialmente, mejores amigas. Ambas comprábamos revistas e inventábamos nuestras propias historias de que pasaría cuando conociéramos a los hermanitos más codiciados del planeta. Pero fue un día en especial en el que ella me obsequió una pequeña imagen de Nick. Ella decía que él no le agradaba mucho, porque por ser el más serio de los tres pensaba que no valía la pena y que era algo, mejor dicho, demasiado chocante. Su idea me parecía absurda porque nunca había hablado con él o siquiera pasado una tarde a su lado, pero respetaba su decisión. Mientras guardaba con codicia a los otros dos hermanos, me entregó una pequeña imagen de Nick, que hasta ahora sigue pegada un poco más arriba del espejo de mi tocador. He ahí donde empieza realmente la historia. El "por qué" estoy aquí sentada en un columpio, junto a uno de los chicos más amados sobre la tierra.

 

-Pues... no sé por dónde empezar- dijo mirando al piso mientras balanceaba un poco aquel columpio frío. Cada movimiento emitía un rechinido. Lo único que se escuchaba, pues no existía una conversación estable entre nosotros.

 

Recuerdo cómo fue que llegue aquí. Un día al salir de la escuela recibí una de las más esperadas llamadas. Desde las vacaciones de invierno, en las que mi prima me había venido a visitar, tenía planeado pasar el verano junto a ella. Mi prima era de mi edad y aunque éramos muy diferentes, nos sentíamos como hermanas. El último día de clases llegué con mi amiga Cecy a comer, como de costumbre. Mi mamá ya nos tenía preparada una de las deliciosas comidas que sólo ella sabía preparar. Era un día especial y sobre todo alegre. El comienzo de las vacaciones indicaba esperanza, aventura y sobre todo diversión. Cecy y yo nos sentamos en la mesita que se encontraba en la misma cocina. Mi mamá nos sirvió detenidamente a cada una, una buena ración de comida. Bocado tras bocado nos empezamos a comer lo que había en nuestro plato. Mi grandioso apetito fue interrumpido por una llamada telefónica inesperada.

 

-Hija, ¿podrías contestar? Estoy un poco ocupada aquí.-dijo mi madre con dos platos en cada mano.

 

-Claro- respondí yo con un poco de comida en la boca. Cogí el teléfono e inicié una conversación. -¿Bueno?- saludé finalmente.

 

-¡Hola! Sí sabes quién soy, ¿verdad?- dijo una voz muy entusiasmada del otro lado de la línea. De un momento a otro conocí esa voz que me alegraba mis días. Era mi prima Sophie.

 

-¿Sophie?- pregunté un poco dudosa.

 

- ¡Sí tonta! ¿Quién más iba a ser?- dijo entre risas.

 

-No sé, alguna señorita enfadosa que habla para promocionar alguna tienda departamental...- dije sarcásticamente.

 

-Hum, no cabe duda que no has cambiado nada- dijo entre risas- pero bueno, mi llamada es para decirte que el plan si funcionó a la perfección.

 

-Hum, ¿Qué plan? ¿De qué me hablas?- dije mientras intentaba recordar alguna conversación pasada. El plan. Lo había recordado ya a la perfección. -¡El Plan!- dije gritando emocionada. -¿En verdad funcionó? Pero... Mis padres no lo saben todavía, no sé si tenga el permiso de viajar.

 

-Tontis, ¡asunto arreglado! Mis papás hablaron ya con los tuyos y tienes el permiso garantizado... Creo que te vienes mañana.

 

-¡¿Mañana?!- dije exaltándome un poco.

 

-Sí. Fue todo lo que pudimos hacer, pues los boletos están vendidos hasta el mes que viene. Así que... ¿Lo tomas o lo dejas?

 

-Obviamente ya sabes mi respuesta... Arregla todo que, ¡Mañana nos vemos!

 

-Perfecto. Todo estará listo. Hasta mañana.

 

-Hasta mañana, un abrazo.

 

Así terminó nuestra corta conversación. Me costó un poco darme cuenta de lo que había hecho. Había aceptado irme a Texas. Sí, ¡a Texas! Me sentía emocionada. Sentía que este viaje me iba a cambiar en algo. No sabía en qué, pero algo bueno estaba por venir. Para no hacer enojar a mi mamá, seguí comiendo, aunque mi hambre ya había desaparecido por completo por aquella noticia.

 

[En casa de mi prima]

 

-Y bueno, Sophie, ¿le diste la buena noticia a tu prima?- Mirándola desde las escaleras.

 

-No, no pude hacerlo. Que mejor disfrute de la sorpresa- Dijo tomando una de las revistas que yacían en la pequeña mesa de la sala. Después subió los pies y empezó a hojearla.

 

-Espero que sepas lo que haces, hija. -Dijo mi tía mientras ya llegaba al final de la segunda planta de la casa.

 

-Sí, yo también lo espero...- Dijo Sophie para sí misma. Siguió hojeando la revista que le había llamado la atención hasta que un estruendoso ruido y muchísimos gritos la interrumpieron.

 

-No puede ser... ¡Otra vez! ¿Qué no se supone que la seguridad aquí es de lo mejor? ¡Pamplinas!- dijo mientras subía las escaleras enfurecida, llegó a su cuarto y puso la música que más le gustaba a todo volumen, tratando de opacar aquella multitud loca de la casa vecina.

 

[En mi casa]

 

-Hmm, ¿segura que quieres ir?- Dijo una voz, mientras se recargaba en el filo de la puerta.

 

-Segurísima. Mamá, ya te dije que voy a estar bien y que te hablaré todos los días.- Dije mientras seguía empacando mis cosas.

 

-Es que no me hago a la idea de que te vayas sola... Aún eres menor de edad.-Se metió en mi cuarto y se sentó en el borde de mi cama. 

 

-Ya cumplí dieciséis, mamá. Habíamos quedado en eso. Tú me dabas permiso al haberlos cumplido- Dije mientras rebuscaba más ropa dentro de mis cajones.

 

-Sí eso es lo que quieres, cumpliré mi promesa. Ahora tú promete que te cuidarás y te la pasarás de lo mejor.- Dijo echándome una mirada matadora.

 

-Te lo prometo.-Dije rodando los ojos.

 

-Está bien. Sabes que te extrañaré, tres largos meses sin ti serán un martirio. Pero bien, te dejo para que termines de empacar. Hazlo pronto que también tienes que dormir un poco- me dio un beso en la frente y salió de mi habitación.

 

Mi mamá y yo nos llevábamos a la perfección. Se podría decir que es la relación madre-hija que toda chica quisiera tener. Podía hablar con ella de cualquier cosa y ella me aconsejaba siempre de la mejor manera. La admiraba muchísimo. Era una mujer muy fuerte. Mis padres se habían divorciado y mi papá vivía ahora en Londres. Él ya había hecho otra vida y formado otra familia. No le guardaba rencor en lo más mínimo, porque sabía que todo era mejor así. Algunas veces mantenía una conversación con él por teléfono y se aseguraba de mandar un regalo en Navidad y otro en mi cumpleaños. Apreciaba mucho sus detalles. Junto con aquellos presentes recibía una invitación. El me aseguraba que podía ir a visitarlo en cuanto quisiera. Y sí, yo sabía que algún día lo haría, pero en este momento, tenía que preocuparme por mi viaje a Texas. Terminé de empacar y terminé cansada. Dos maletas, completamente llenas de ropa. Esperaba que no me regresaran en el aeropuerto por sobre peso. Hasta me daba miedo de que el avión fuera a caer por tanto equipaje que llevaba. La pijama quedó guardaba, pues ni siquiera me la puse de lo cansada que estaba. Me tiré en mi cama, no sin antes acercar una cobija y abrigarme, para después caer en un sueño profundo. El mismo sueño de siempre me invadió.

 

[En la casa Jonas]

 

-Hermano- dijo mientras movía a alguien que estaba debajo de las cobijas

 

-¿Qué quieres? No molestes, Joe.-Dijo cubriéndose la cabeza con la almohada.

 

-Te tengo dos noticias. Una buena y una mala.- Dijo acercándose a su oído para que lo escuchara mejor. -La buena es que no soy Joe, ¡Gracias al cielo!, y la mala es que tienes veinte minutos para arreglarte, porque hoy tenemos una entrevista muy ¡IMPORTANTE!- le gritó mientras lo tumbaba de aquella acogedora cama.

 

-¡Auch! ¡No vuelvas a hacer eso!- Dijo mientras se rascaba la cabeza y apuntaba a su hermano. -Yo que pensaba que Joe era el peor despertador del mundo.

 

-Nick, no tienes remedio. Ya llevas mucho tiempo así... ¿Qué te sucede?- Dijo sentándose en la cama.

 

-Nada me sucede Kevin, ya te lo he dicho, nada...- Mientras volteaba hacia la ventana, tratando de evadir aquella conversación.

 

-Yo sé lo que te sucede. ¿Con quién has soñado últimamente?- preguntó mientras cruzaba los brazos y levantaba una ceja.

 

-¿Yo? ¿Soñar con alguien...?- Dijo mientras se acercaba a su hermano y le ponía la mano en la frente. -¿Te sientes bien, Kevin?

 

-¡Ay!- exclamó poniendo los ojos en blanco. -Sabes que yo sólo te quiero ayudar, pero bien...- Dijo levantándose y aproximándose a la puerta.

 

-¡No! Espera...- dijo Nick mientras se sentaba en el borde de su cama. -Ya no resisto más. ¿Qué es lo que pasa conmigo? He soñado con la misma chica durante varios meses, sino es que un año... -Dijo mientras ponía sus codos en sus piernas y se tapaba la cara con ambas manos.

 

Kevin se sentó a un lado de él. -No sé hermano, sinceramente no sé cómo responder. Pero quizá algún día encuentres la causa...- dijo mientras le daba unas pequeñas palmadas reconfortantes en la espalda.

 

-Lamento interrumpir tan linda escena- dijo alguien entrando por la puerta. -Pero nos tenemos que ir en... -Mirando su reloj- unos quince minutos.

 

-Mejor me arreglo ya.- Nick tomó una toalla y se metió a dar un baño.

 

-¿Qué sucede, hermano? ¿Problemas con la misma chica?- dijo Joe sentándose en la cama.

 

-Sí, Joe. La misma chica- Dijo mientras suspiraba y se acercaba a la salida.

 

-Por cierto, no creas que no escuché tu buena noticia- dándole una mirada matadora.

 

-Sabes que yo te quiero, hermanito- y así salió riendo de la habitación.

 

-¡Pfff!- Joe resopló y al igual que Kevin salió de la habitación.

 

[En el aeropuerto]

 

-Te cuidas mucho, si tienes problemas, me llamas, si quieres regresarte antes, me llamas...- dijo mi mamá mientras caminábamos hacia la cabina a la que yo tenía que ir. -Si te sientes mal...-

 

-Me llamas- dije yo interrumpiéndola e imitando sus últimos consejos. -Estaré bien, mamá. De verdad.

 

-Bueno, te quiero hija. Diviértete. -Me dio un abrazo. Yo se lo regresé y sentí como una de sus lágrimas caía en mi brazo. Mamá acostumbraba llorar cada vez que me separaba de ella. Una vez en un pequeño campamento de tres días, tuvieron que consolarla las mamás de mis amigas porque no se podía controlar. Me dolía irme sin ella, pero por cuestiones de trabajo no podía acompañarme. Sentía un nudo en la garganta. Tres meses era muchísimo tiempo. Jamás había pasado un periodo tan largo sin su compañía. Pero ya era hora de crecer y experimentar cosas nuevas. Me separé de ella y la vi con sus ojos llorosos.

 

-Yo también te quiero, mamá. Hasta luego.- Me aproximé a la entrada de la sala de espera para mi avión. Ya había entregado mis maletas y sólo traía un pequeño bolso de mano, con cosas necesarias para el camino. Antes de llegar a las escaleras eléctricas había personas checando que no lleváramos instrumentos violentos o alguna bebida. Pasé esa parte sin problemas y me aproximé a las escaleras. Al estar en el primer escalón, volteé y vi como mi mamá observaba cada movimiento que daba con una cara de tristeza. Yo sólo me despedí con la mano y me volteé para continuar con mi camino. Ella se dio media vuelta y regresó a casa para continuar con la rutina diaria.

 

Después del proceso indicado abordé el avión. Mi mamá me compró un boleto en zona Premium para estar más cómoda y con un poco más de seguridad. Así era mamá. Me senté y me asomaba por la ventanilla. Sentía una felicidad infinita. Como si hubiera logrado uno de los mayores descubrimientos científicos en la historia. Mi corazón palpitaba demasiado rápido por la emoción y una sonrisa iluminaba mi rostro de una manera en la que jamás lo había hecho. Pensaba en mi nerviosismo pero al mismo tiempo en todo lo que podría hacer junto a mi prima. Mi cabeza estaba llena de ideas, divagaba en las nubes, como sólo yo solía hacerlo. De pronto, hubo algo que interrumpió completamente mis pensamientos.

Puuf!

Hola, hola :) Con nuevo metroblog! Sí... & proximamente

 

Nove Nuevaa; estén al pendiente ;)